(IX) La rosa marchita de los socialistas llena el suelo de pétalos que los podemitas escupen

Una rosa marchita en las manos de Federico García Lorca

En mi paseata diaria me cruzo en la Plaza de Santa Ana con un par de ciudadanos que, con toda delicadeza depositan una rosa mustia en las manos del poeta Federico García Lorca. Les pregunto sobre su significado y uno de ellos con ganas de hablar y con flema poética entre lo socrático y lo cínico, me responde que se trata de una metáfora. Que el gesto va dedicado a los socialistas y su líder de pacotilla, el Sánchez ese, tan mustio de talla moral, como la rosa que acaba de colocar.

Compruebo gracias a mi interlocutor que todavía hay vida en la calle, ganas de comunicar, necesidad de expresión y me alegro. Tiene unos cincuenta años y me asegura que es votante socialista de toda la vida pero que hasta aquí hemos llegado y no más. Que no entiende lo de catalanes y vascos ofuscados con el falso derecho a decidir y que, demuestra, desgraciadamente, la irresponsabilidad y la falta de una mínima idea de Estado, el tacticismo y electoralismo de sus correligionarios…

Estatua de Calderón de la Barca
Estatua de Calderón de la Barca

La suculenta conversación con el socialista me impide acercarme a la estatua de Calderón a cuya sombra unos podemitas del círculo místico se están izando desde la postura del loto. Desde Lorca puedo oír un último grito iniciático que lanzan al cielo: “Podemos”.., y en ese preciso momento mi interlocutor se  calla, se introduce la mano en el bolsillo de la chaqueta y saca un montón de pétalos que echa al suelo y con un gran sentido de la oratoria exclama: “Y esta flor rota representa nuestra cultura y civilización. Aquí la siembro a sabiendas que está marchita y con la seguridad que muchos la pisarán al gritar falsas proclamas”.

No pasa mas de un minuto y los podemitas con sus camisetitas moradas pisan  sobre la efímera alfombra roja camino a la calle Aocha y, con descaro sigo con la vista a su cabecilla que, sin educación, pacto de estado, o nada que se le parezca, escupe con gesto infame sobre los pétalos y, así le veo marchar al encuentro de la paz y del diálogo con aquellos que solo anhelan con matar.

En el cielo de Madrid llegan hoy las nubes  pero se presagian tormenta.

De paseata con Miguel Bosch, en torno a Lorca por la unidad de España

Lorca con bufanda, galletitas y tabaco. Foto: Juls
Lorca con bufanda, galletitas y tabaco. Foto: Juls

Quedamos en la Plaza de Santa Ana de Madrid y tras saludarnos Miguel Bosch se fija en la estatua de García Lorca con la paloma en sus manos que hoy, día de frío, ha amanecido con bufanda, y solemne, sensitivo, me dice que esa es la imagen que buscan los convocantes de la concentración del próxmo domingo en Barcelona. Una sincera llamada a la paz, porque muchos catalanes me asegura, están sintiendo el terrible frío en la nuca del enfrentamiento.

Así lo siento, un enfrentamiento que provoca una determinada estrategia política y que no es lo que desea la población, no al menos los que abogamos por la convivencia y la unidad.

El enfrentamiento es lo que nos sirven los líderes políticos en sus menús de idearios y también gobiernos tanto  estatal como local, unos en su omisión al deber y otros con sus amenazas a nuestros derechos, no debemos alimentarnos de eso, y un servidor pide a la población de no caer en la trampa”.

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Somos millones los que no entendemos por qué debemos sentirnos diferentes y extraños en nuestra propia tierra

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Miguel me confirma que se siente a gusto en Madrid. Se ha tomado por asuntos familiares un par de días de descanso en la tarea en la que lleva concentrado las últimas semanas: Aglutinar y apoyar por todos sus medios la concentración del domingo en Barcelona.

“Necesitamos ser escuchados, ver realmente que las autoridades se preocupan de nuestras demandas, que se preocupan por la libertad de expresión, el respeto a ideas , principios y valores. Los catalanes pagamos los mismos impuestos o mas caros que en otras comunidades, nuestros deberes los realizamos, y no entendemos por qué debemos sentirnos diferentes y extraños en nuestra propia tierra”
Miguel Bosch en concentración

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