La raíz y los vientos, por Rodolfo Arévalo: De la noche, la música y la piratería que machaca a los artistas

 

 

Noche en la ciudad

Soy un búho, desde mi tierna infancia me costaba dormirme. De hecho el médico le recomendó a mi madre, en na ocasión, que me diera una cápsula de Atarax para que pudiera abrazar el sueño, después de haber pasado tres días sin dormir.

Cuando era adolescente la noche era mágica, un lugar en el que había luces de colores y qué sé yo, insuperables juergas imaginadas y solo cumplidas en la celebración de año nuevo.

Mas tarde ya de prejovenzuelo y de joven, ese carácter festivo se fue implantando en la médula de mis huesos y un torbellino de desenfreno vino a hacerme compañía junto al resto de amigos que compartíamos esa oscuridad  cambiante que nos proporcionaba la noche iluminada.

Rodolfo y los cosmonautas

Mas tarde, recuerdo, que los locales nocturnos de diversión, tenían como reclamo grupos musicales de todo tipo y estilos… Y acudíamos a ellos, con ganas de descubrir arte nuevo dentro de la música popular. Recuerdo Grupos como ” La Caramba Ochichornia “, que tocaba en un bar casi oculto llamado ” Son Parnass ” por la zona de Lavapies. Y los de jazz, cantidad de ellos, algunos muy conocidos como Whisky Jazz. Otros para cantautores, como la Peña Tres y gran cantidad en la calle Huertas. Nosotros también teníamos grupos musicales y participamos como “intyerpretyezs” en algunos de aquellos lugares. Después de las actuaciones, cobrábamos el dinero pactado y cada cual a su casa.
  

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