El peligroso espectáculo callejero de la tensión social que protagoniza mi vecino Antonio, el funcionario del circo nacional

los bilduetarras en la calle

 

Cada vez que le veo cambio de acera, pero hoy me ha sorprendido. Su presencia me incomoda desde que la última vez que hablamos. No hará un mes. Me justificó los asesinatos de los terroristas con palabras vacías, de sectario comunista. Se llama Antonio. Cuarenta y tantos. Profesor de historia, funcionario. En la calle luce la sucia estética de aversión a la ducha y el peine, con lo que muestra trasnochado porte de amargura social, de falsa pobreza aliñada con un semblante cariacontecido y sin afeitar.

Esta mañana no le he podido esquivar. Me ha pillado de espaldas, en la carnicería del mercado, mientras espero a que Rocío, una de nuestras vecinas mayores, acabe su compra y su diálogo, también las risas, que comparte con José el charcutero. Hablan del coleta al que anoche han visto en la tele.

“Y ciento cincuenta de chope. Ya te digo que me parece mas falso que Judas. Un embaucador de serpientes….”

Justo aquí Antonio aparece en tromba, chillando en defensa de Podemos, el Iglesias ese de la coleta, y de paso del terrorismo etarra y la lucha armada de los pueblos indígenas contra los conquistadores españoles. Así, en popurrí y sin anestesia.

” Cuidado que yo le he votado. Y tened en cuenta que vamos a ganar. Lo vi  el domingo en la mani. Uña y carne, por la libertad de los oprimidos”.

Y un servidor recuerda las fotos de la Puerta del Sol con banderas proetarras en las que ahora me fijo y le distingo embozado con pasamontañas negro. Por eso, desde hoy, mi vecino Antonio, el de las mareas verdes, el funcionario y feliz votante de Podemos, me representa la perfecta idiocia porque no le falta ningún detalle de la  tensión social que crece en España a golpe de los acosos callejeros, como el que acaba de cometer con mi vecina Rocío. Y por supuesto que no me vuelve a aparecer por la espalda.

proetarras en la calle

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