Los desnudos de Alfredo

El maestro Alfredo Albajara ha regresado al barrio de las letras de su trombo cerebral. Se ha paseado, durante días en coma, por las delicadas fronteras que nos separan de la muerte, y todavía pálido, exhausto por la batalla, le intuyo firmemente decidido a seguir apostando por la vida. Lo primero que me dice cuando nos vemos, en su casa, es que no aceptó la invitación morbosa al último viaje porque, entre estas cuatro calles, o donde sea, tiene mucho trabajo pendiente:

“Tengo todavía que hacer algo grande y, de verdad, nunca te lo he dicho hasta ahora, pero no ha sido la primera vez que se me ha insinuado, que la dama ha comenzado a desabrocharse los botones y me ha velado sus encantos  para que le siguiera. Por eso pinté este cuadro”

la muerte de Alfredo Albajara

Alfredo todavía anda despacio y aún así el otro día decidimos bajar por la calle Cervantes  hacia el Museo del Prado para ver “El Jardín de las Delicias”. Los dos compartimos cierta fascinación por El Bosco y sobre todo por ese tríptico misterioso y atractivo que en su día compró Felipe II. A la altura de la plaza más bella y moderna de Madrid, según Corpus Barga, y mirando de soslayo a Neptuno, el maestro va y me dice: ”

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