(VII) La insoportable vecindad… Las niñas emigrantes, su mamá y la policía

Espero en la calle Santa Isabel de Madrid, frente al mercado y el cine Doré, y tres niñas reclaman mi atención. Entre ocho y diez años. Juegan entre los coches, ajenas al bullicio y el trapicheo. Hablan en un español escaso y primerizo. Dos de ellas visten de rosa, la tercera unos pantaloncitos vaqueros.

Despegan de las farolas los anuncios en los que emigrantes, como sus padres, se ofrecen a planchar por horas o para compartir alguna habitación de sus pisos patera. El juego es tan divertido que cuando llega la madre de una de ellas y, en árabe, le dice que deben irse, una de las niñas contesta que no y las otras le siguen el juego. Protestan.

La capitana es la de los vaqueros, que refunfuñea y se planta de cuclillas en el suelo. Hace como que llora porque no quiere ir a casa. Entonces la madre le grita en el mismo español que antes hablaban las niñas: !Vamos, Vamos, que viene la policía! … Y la niña calma su berrinche, cambia la expresión de su cara, mira a izquierda y derecha, y acerca su manita a mamá.

La familia se pierde calle abajo a toda prisa y se aleja del coco.

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