Entre la psicología del maltratador y la estupidez totalitaria. Así estamos en España

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Recuerdo hoy una gran cita de Ionesco, el gran dramaturgo del teatro del absurdo  “Pensar contra la corriente del tiempo es heroico; decirlo, una locura”, y me permito una doble sonrisa tanto por los resultados electorales en Norteamérica, la victoria de Trump y el afán mayoritario de los “anchor man” esos líderes de audiencia en los medios de comunicación que consiguen a diario que su palabra no vaya a misa sino que la convirtamos en comunión de los santos inocentes. La Sociología, la Propaganda y la manipulación de la Estadística y la verdad, aplicadas a los intereses políticos.

Coartadas ideológicas, y en esencia, bastardos señuelos, para guiarnos en esta confusión vecinal que, ya mayoritariamente, sigue en España los pegadizos ecos de la flauta de Podemos, al ritmo de su falsa utopía, con esa pasión desbordada que procuran los hechizos a los personajes míticos o literarios.

Así estamos. Entre la psicología del maltratador y los posos totalitarios que amargan la tisana de la Democracia que bebe la Vieja Europa desde la siembra de Pericles.

Los filósofos, los psicólogos, los médicos, los científicos, los ensayistas, los poetas y hasta los asistentes sociales de las mas variadas Organizaciones No Gubernamentales están de acuerdo en afirmar que el maltratador de género cuando mata a su pareja, o a los hijos de ambos,  cumple una maldición expresada con cuatro palabras: ” O conmigo o muerte”. Un delirio máximo que compruebo está moviendo a variopintos “Círculos” sociales y profesionales.

Y ahí están muchos de mis vecinos que aplauden al ínclito Pablo Iglesias o a Echenique que hoy dice ante los micrófonos que los USA ha ganado el fascismo y que, al igual que todos sus correligionarios hablan de libertad y la igualdad  desde la concepción estalinista de la política, la manipulación de las asambleas, su concepción de la violencia terrorista y sus desdoros e injurias  la la bandera de España y hasta su alergia profesional a pronunciar en público, y ante los micrófonos, el nombre de nuestro país.

Priman el rencor, el culto a las personas, la culpabilidad de los demás por todos sus actos fascistas, esconden información y exhalan amargura en una especie de brecha insalvable entre la inteligencia y la estupidez totalitaria. Y es que una vez desbordadas las hechuras demócratas queda la psicología del maltratador de las cuatro palabras : O conmigo o muerte. Así estamos de nuevo en España.

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