(II) La insoportable vecindad de los podemitas y el empacho ideológico

En las inmediaciones del Congreso de los Diputados las sombras desaparecen al acabar la tarde del sábado. Rajoy va ser de nuevo presidente del Gobierno gracias a la abstención del PSOE y los podemitas van a comenzar a rodear el Congreso con sus proclamas golpistas. Quedan pocos paseantes y los domingueros del Parque del Retiro hace rato que han cargado sus coches de carritos y bicis.

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La policía ha cortado las calles de acceso al Parlamento en el Barrio de las Letras y me entretengo un rato hablando con uno de los policías que desde la mañana vigila la zona. Le he perdido permiso para retirar dos de sus vallas azules que han debido de sobrar en el operativo y ocupan una plaza de aparcamiento y así poder aparcar mi coche con autorización de residente y el agente amablemente, me ha contestado que ellos no las han colocado allí y qué si puedo esperar, ahora mismo me contesta porque deben consultar con su oficial.

En esto un joven de unos 25 años vestido de indignado pasa a nuestro lado, se para  y en modo chillido indignado increpa a los policías,  me imagino que a mi también porque formo parte del paisaje : “¡ No, No nos representan… Viva la tercera república !“. Los agentes se vuelven y se dirigen hacia el protestón y también educadamente le piden la documentación.

Así están las cosas cuando entra en escena una pareja de unos treinta años. Van vestidos con toda la parafernalia desaliñada y multicultural: Pantalones indios, rastas y pañuelos palestinos al cuello. Han presenciado la escena y como me acabo de quedar solo me comentan: “!Qué barbaridad. y que policía mas fascista. El joven tan solo ha expresado sus ideas y mira. En este país los fachas están liquidando la libertad de expresión”  Yo les contesto de usted, que la situación me parece surrealista y que, en todo caso el mencionado joven es tan solo un mal educado, pelín violento porque los policías de servicio pueden hasta sentirse ideológicamente  mas cerca de la República que de la Monarquía y que no viene a cuento el desahogo en una tarde como esta.

Comprendo el posicionamiento de la pareja cuando ella me dice: “Es que estos del PP van a  acabar con todas las  mejoras sociales que hemos conseguido en los últimos años. No nos representan”.

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Al darme la vuela, ya de retirada, porque el violento y la pareja no cejan en su acoso dialéctico a la policía, aparece de paseo la señora Inés con su caniche viejo. Tiene cerca de setenta y nos saludamos en buena vecindad desde hace ya mucho tiempo. Trabaja todo el día en una casa acomodada del barrio de Salamanca desde la posguerra y ha sacado adelante a dos hijas y cuatro primos. Es de un pueblo de Valladolid y de tanto trabajar le duelen los huesos y el alma desde hace ya mas de dos lustros. Me sonríe, como siempre, y me espeta: “Que pena pero si ese chico está en tratamiento desde pequeñito… Ahora esta peor. El otro día le detuvieron en la calle Atocha porque comenzó a desnudarse mientras lanzaba  botes a la policía. Yo conozco a sus padres de siempre. Los tiene que conocer. Los que tenían la última panadería de la calle León”.

De vuelta para casa intento comprender la estrecha relación entre la Psicología y la Política. Entre la razón y las ideologías. La verdad y la mentira. Las derechas y las izquierdas. Y como conclusión tan solo descifro un nuevo gris entre el blanco y el negro de los dogmáticos.

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