Posología contra las enfermedades y virus mas agresivos que padece España, por Julio Murillo

Analgésicos y fórmulas magistrales

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Me declaro surrealista convencido, nihilista vocacional, filósofo peripatético, apátrida, ciudadano aburrido y enfermocrónico. Esto último se debe a que me duele todo, o casi todo. El médico de cabecera me dice que lo mío es un caso perdido, que no hay nada que hacer, que me tome las cosas con calma, si es necesario a chirigota, y vaya tirando millas, caminante no hay camino, que ya llegará el verano y en esa estación todo se ve más soleado y la líbido obra milagros.

“Entre la Nitroglicerina y las fórmulas magistrales para el alma: Una alteración armónica de la realidad”

Mi enfermedad, estoy convencido, afecta a cientos de miles, que como yo están hasta la coronilla de crisis, recortes, paro, pobreza, banqueros, especuladores, políticos, energúmenos de sangre azul, desalojos, banderas, himnos, proclamas y mentiras de todo tipo y calibre. No estoy solo, qué va, para nada. Somos legión. La legión del desencanto. Y eso me lleva a preguntarme, de forma retórica, por qué las grandes multinacionales farmacéuticas no ponen todo su empeño en elaborar fármacos, drogas, compuestos, complejos vitamínicos, inhibidores o potenciadores de esto, o de lo otro, o de lo de más allá, que vengan a paliar tanto destrozo anímico y espiritual.

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Dicen que cuando el colectivo es inmenso, que cuando la cosa se convierte en pandemia, esos capitanes de la salud se ponen manos a la obra y sacan del laboratorio lo que haga falta, porque el negocio es el negocio, y la salud –junto al comercio y el bebercio– lo más fundamental.

“Son fármacos que no necesitan de excesivas presentaciones; antibióticos capaces de combatir la angustia existencial, el boinismo, el txapelismo y la barretinitis”

Pues va a ser que no. Esos jerifaltes de la poción masiva, esos hipócritas hipocráticos no están por la labor, en absoluto. Y digo yo que será porque entienden que el colectivo que reclama esas fórmulas magistrales está sin un duro –los euros son una fortuna, volvamos a la modesta, honrada y querida peseta –; tiene los bolsillos agujereados; camina con los mismos zapatos y a duras penas podría costearse un tratamiento a base de acetilsalicílico si le fuera en ello la vida. Eso será. No somos target que justifique tanta molestia. Sí somos, obviamente, nicho de mercado. Aunque más que nicho debería decir fosa común.

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Hablando conmigo mismo, o mejor dicho: con el otro que ocupa la mitad de mi cerebro, un caballero decimonónico empirista aventurero redentor y justiciero, –aquí no hay comas que valgan–, llamado Jules de Salesville, llegué a la conclusión de que el mundo necesitaba un anti-héroe, un alquimista loco, un nuevo profesor chiflado capaz de destilar, entre redomas y alambiques, jarabes, vigorizantes, complejos vitamínicos, supositorios y pastillas por un tubo.

Así nacieron, uno a uno, los medicamentos y soluciones que conforman este electuario moderno, que no sabe a miel, como los antiguos, pero mitiga la hiel; fármacos que no necesitan de excesivas presentaciones; antibióticos capaces de combatir la angustia existencial, el boinismo, el txapelismo y la barretinitis; recetas para que la derecha mantenga su nivel de vida con cara de póquer; para que la izquierda vuelva a las barricadas, digo a las mariscadas; para que los no nacionalistas soportemos con estoicismo a los mequetrefes ojipláticos, cíclopes zampabollos, muy orinables presidentes autonómicos, portavoces botarates y presidentas de asociaciones de mononeuronales uniceja camino del Portal cubano de Itaca.

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Esto sólo es el comienzo. Hará falta más, mucho más. Ya se sabe que los tumores, los virus y bacterias, desarrollan resistencia a los tratamientos. Se niegan a morir, se envuelven en trapos, símbolos, himnos y demagogia. Alien es un imberbe a su lado.

Mi alter ego y yo, en colaboración con afamados surrealistas como los profesores Rover Lang e Ibn Lactoplast, seguiremos desarrollando pacientemente estos modestos remedios, con el deseo y la esperanza de que antes o después la humanidad se libere de tanta lacra, tanta caca y tanto diletante.

Y si nada de lo que pueda salir de nuestro ingenio y trabajo funciona, siempre nos quedará… la nitroglicerina.

Julio Murillo Llerda

Julio Murillo

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