La atalaya de Juan de la Cruz: Pedro Sánchez, Boabdil

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A Pedro Sánchez, a quien el pasado sábado se le cayó una lagrimilla al dejar el acta de diputado, con siete derrotas electorales seguidas, siete, lo que se dice pronto, ya se le conoce como Boabdil, último rey de la dinastía nazarí en Granada. Y a quien su madre, la sultana Aixa, al verle abandonar la hermosa ciudad, tras perder la misma ante los Reyes Católicos, le espetó: “Llora como una mujer lo que no supiste defender como hombre”.

Pedro Sánchez, que llevó al PSOE a las cotas electorales más bajas de la democracia, y aún perdiendo cinco escaños entre el 20-D y el 26-J, por su tozudez y persistencia en sus posiciones, trató de engañar a todos. Lo dijo Felipe González, lo desvelaba ABC el pasado domingo, 30 de octubre, –“Sánchez hizo creer a Rajoy que se abstendría si Rivera le apoyaba”—y se obsesionó, cuasi de modo enfermizo, por alcanzar la presidencia del Gobierno. Afortunadamente para España, no ha sido así.

“Más vale un PSOE honrado en la oposición, con España, y sin Sánchez, que un Gobierno de traidores con Sánchez al frente”

 

El PSOE es un partido necesario e imprescindible en la democracia. Y añado, que tras seguir con señalado interés la actualidad política, más aún los últimos debates de investidura, el sonrojo me asoma por la cara, desde la vergüenza ajena, tras comprobar cómo Pedro Sánchez, perdón, Boabdil, pretendía pactar con tipos como Pablo Iglesias, de una espeluznante miseria moral política, tal cual han podido ver y comprobar una inmensa mayoría de votantes socialistas, o, sin ir más lejos, con individuos carentes de cualquier sensibilidad como ese diputado, un tal Rufián, de Esquerra Republicana, que el pasado sábado ofreció cinco espeluznantes minutos en la tribuna (casi siempre sagrada) del Congreso de los Diputados insultando de extrema gravedad al PSOE y al parlamentarismo.

El PSOE no se merecía a Pedro Sánchez, que solo ha vivido de su arrogancia, de su engreimiento, de su nepotismo, de su engolamiento y que hasta el último minuto del Comité Federal del PSOE, del 1 de octubre, aguantó a pie firme con la urna oculta de la trampa, mientras era vencido, democráticamente, por la mayoría de los miembros de dicho Comité Federal.

Cínico, desvergonzado, impasible el ademán, Pedro Sánchez, perdón, Boabdil, tenía ya cerrado todos los pasos, con Podemos, con Esquerra Republicana de Cataluña y otros partidos y traicionar a España por una poltrona en la que hubiera sido manipulado como una marioneta por sus propios socios de Gobierno. Y cuyos miembros tras el 1 de octubre, después de unas semanas de ilusión, veían cómo se les desmontaba el chiringuito de hacerse con el Gobierno de la nación y todos los cargos, presupuestos, decisiones, que del mismo emanan.

El espectáculo de estos últimos meses, provocado única y exclusivamente por Pedro Sánchez, ha sido, simplemente, obsceno y soez, mientras chirriaban, desde hacía largo tiempo, los ejes de la carreta socialista y que, ahora, tendrá que armarse y rearmarse con una muy especial delicadeza y habilidad y sorteando muchas y muy duras complejidades en el camino.

Pero el PSOE, con 137 años de historia, ahora se encuentra en la pavorosa tesitura, como me señalaba un diputado cuyo nombre oculto por razones lógicas, de apoyar en lo meramente imprescindible al Gobierno, ejercer, al tiempo, una férrea oposición a ese mismo Gobierno, actuar a la vez como pararrayos en el intento de que Podemos no le coma más terreno por la izquierda, con una sociedad en grave crisis económico-social y político-institucional, y, además, recuperar la paz interna. Sin olvidar, además, que en cualquier momento, Rajoy podría convocar elecciones. Lo que añade mucha más tensión y crudeza al panorama del socialismo español y que, hoy por hoy, se encuentra desgarrado.

Mientras tanto Boabdil, que va de salvador, tras haber sufrido señalados reveses, por su inmadurez, por su carencia de nobleza, por su propia política, inmerso en error tras error hasta la derrota final, ya ha puesto en marcha su estrategia tratando de recuperar el partido.

Una estrategia mucho más cerca de los postulados de Podemos que de la socialdemocracia, incapaz de haber recuperado el rumbo del PSOE, ni tan siquiera a pesar de la severidad de la crisis y desde esa privilegiada atalaya de estar en la bancada de la oposición, por sus propias miserias.

Como un animal en celo Pedro Sánchez, Boabdil, vuelve a apelar a la militancia.

¿Para qué?

¿Es que, acaso, no ha hecho, ya, bastante daño al PSOE, que, incluso, hizo llorar a algunos diputados socialistas del Congreso cuando el pasado sábado decían desde su escaño “abstención”?

Ahora, muy probablemente, ya sin el timón en manos de ese grumete traidor llamado Pedro Sánchez el PSOE podrá curar mejor sus heridas.

Sin él, pues, todo podrá ser y resultar menos complejo, mientras, tal vez, muchos sean los militantes que vieron el rostro de Pedro Sánchez cuando ese miserable e indigno diputado apellidado Rufián, de Esquerra Republicana, se refirió a los socialistas como Iscariote. Si bien Judas, de verdad, en este hilo argumental de la penosa historia de los últimos meses en una durísima encrucijada española, ha sido Pedro Sánchez Pérez-Castejón.

Señalemos, finalmente, que Iscariote, según algunas versiones, se suicidó ahorcándose.

Juan de la Cruz Juan de la Cruz

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