El verso libre y la conjugación subjetiva de los verbos robar y matar, cuando menos espantan a la razón y el alma

La solidaridad con Miguel Ángel Blanco

Hoy hace diecinueve años que Miguel Ángel Blanco fue secuestrado por ETA en Ermua. Vivió cuatro días más, unas noventa horas de pasión, sufrimiento y chantaje terrorista al entonces Gobierno de Aznar, al que los asesinos exigían a cambio de la vida del concejal del PP, el acercamiento de los presos etarras al país Vasco, hasta recibir dos tiros en la cabeza con  una pistola marca Beretta del calibre 22 con silenciador.

Conviví en aquel verano del 97 con los padres, hermana y amigos durante infinitos minutos de angustia en su pequeña casa de Ermua y por eso hoy le doy vueltas al verbo matar y recuerdo la presencia del Obispo emérito de San Sebastián, Juan María Uriarte en las noticias de hace tres años en todas las emisoras de televisión tanto públicas como privadas. Junto a Iñigo Urkullu presentó un informe oficial titulado ”Informe de Vulneración de Derechos Humanos en el Caso Vasco”  elaborado “desde la primacía de los principios éticos” y con el objetivo de “garantizar la justicia, la reparación y la verdad para todas las víctimas, sin equiparaciones ni discriminaciones” pero que, en esencia, equipara los tiros en la nuca con los muertos en refriegas y tiroteos entre terroristas y policías.

Y me sigue hoy produciendo desasosiegos. Todo un Obispo, seguro que culto y estudioso de la Ética y la Moral, inspirado por el Espíritu Santo y de alto linaje  de la Fe Cristiana, conjuga de forma subjetiva y verso libre, el verbo matar.  La muerte y el tiro en la nuca como acciones históricas validadas por las ideas y las circunstancias sociales. Ese derecho a decidir que arrincona los deberes propios de la vida en sociedad.

Y es que hasta los dos verbos objetivos y calificados en los pecados capitales de las Tablas de Moisés,  Robar y Matar aparecen en nuestra joven democracia como susceptibles de interpretación.  El ser que roba, roba, pero los matices de la cultura y las “autoéticas” nos delimitan el pecado.

Así vemos hoy que todavía instituciones tan importantes como el Club de Fútbol Barcelona mantienen que “Messi somo todos”,  mientras los comentarios y las declaraciones públicas varían del blanco al negro según la ideología y los intereses de quien las haga.

Fresco del pantocrator. Lo divino en el románico

Es la  injusticia y el sectarismo en estado esférico. El esperpento nacional en el que los políticos trepas que nos han tocado en suerte comenzarán a mencionar la categoría  “Robín Hood” para justificar el botín que alimenta sus lujuriosas barrigas.

Y así no hay manera, ni clave, ni piedra rosetta que nos permita descifrar el bien del mal. Pero ante su inexistencia, los poderosos se aprovechan: Los políticos pero los  generales de la Iglesia también. Otro ejemplo dentro de la propia curia católica me atormenta. Resulta que para los Obispos Catalanes es justo el robo de arte románico aragonés con el que, en Lérida, la autonomía catalana ha construido un soberbio museo del románico. Y aunque el Vaticano haya dictaminado que las obras de arte de la denominada Franja deben volver a sus parroquias, ellos justifican con su ideología me imagino nacionalista de la barretina y su concepción particular de la historia que las obras se queden en Cataluña. Es decir que hay una clara y diferente concepción del verbo robar hasta para los obispos que por su responsabilidad, cultura y sensibilidad, deberían afinar con las conjugaciones vitales de los verbos que protagonizan los pecados capitales.

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