Las citas para el alma de Mercedes: Cuando el tiempo nos alcanza… Homenaje a Cernuda y nuestros mayores

luis cernuda

En estos días en los que algunas voces insensatas han atacado cruelmente y sin fundamento a una gran parte de la sociedad española, rica en experiencias, en sabiduría, en cariño y en fortaleza ante las adversidades…. me rebelo con todas mis fuerzas y reivindico un lugar preferente para los que estamos en plena madurez de nuestras vidas.

Nunca sabrán estos seres abyectos, lo que significa llegar a esta plenitud con el cerebro bien amueblado y el corazón henchido de cariño por nuestra familia y nuestros amigos. Con las ideas muy claras de lo que queremos para los nuestros y para nuestra querida España a la que nos enseñaron a amar en casa y en la escuela.

Es ese gran momento, cuando el tiempo nos alcanza y las horas los minutos y los segundos nos parecen un suspiro, cuando nuestra vida es mas plena. Disfrutemos de ella..de un buen libro, una buena película,el silencio frente al mar, una pequeña siesta de verano al aire libre, una copa compartida con las personas que amamos, la sonrisa de nuestros niños, un paseo bajo la lluvia…y tantas y tantas cosas….Es nuestro momento…¡¡aprovechémoslo!!

EL TIEMPO de luis cernuda
Recuerdo unas palabras de LUIS CERNUDA que sirven de reflexión para hoy. El las titula “El tiempo”.


Con ellas os dejo y os deseo un buen día.

“EL TIEMPO”

Llega un momento en la vida cuando el tiempo nos alcanza. (No sé si expreso esto bien.) Quiero decir que a partir de tal edad nos vemos sujetos al tiempo y obligados a contar con él, como si alguna colérica visión con espada centelleante nos arrojara del paraíso primero, donde todo hombre ha vivido una vez libre del aguijón de la muerte. ¡Años de niñez en que el tiempo no existe! Un día, unas horas son entonces cifra de la eternidad. ¿Cuántos siglos caben en las horas de un niño?

Recuerdo aquel rincón del patio en la casa natal, yo a solas y sentado en el primer peldaño de la escalera de mármol. La vela estaba echada, sumiendo el ambiente en una fresca penumbra, y sobre la lona, por donde se filtraba tamizada la luz del mediodía, una estrella destacaba sus seis puntas de paño rojo. Subían hasta los balcones abiertos, por el hueco del patio, las hojas anchas de las latanias, de un verde oscuro y brillante, y abajo, en torno de la fuente, agrupadas, las matas floridas de adelfas y azaleas.
Sonaba el agua al caer con un ritmo igual, adormecedor, y allá en el fondo del agua unos peces escarlata nadaban con inquieto movimiento, centelleando sus escamas en un relámpago de oro. Disuelta en el ambiente había una languidez que lentamente iba invadiendo mi cuerpo.
Allí, en el absoluto silencio estival, subrayado por el rumor del agua, los ojos abiertos a una clara penumbra que realzaba la vida misteriosa de las cosas, he visto cómo las horas quedaban inmóviles, suspensas en el aire, tal la nube que oculta un dios, puras y aéreas, sin pasar.

***

Mercedes Ibáñez Huete Mercedes Ibáñez Huete

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