Desde el corazón de la Diagonal, Ana Castell: ¡Se van!

adiós inglaterra

Sin ánimo de ser exhaustiva me gustaría hacer alguna reflexión sobre la nueva situación creada por la futura salida de Gran Bretaña de la Unión Europea.
Nadie duda de que para los socios de la Unión no es una buena noticia ¿o sí? Gran Bretaña ha venido frenando todas las iniciativas destinadas a reforzar la unión económica, fiscal y financiera por motivos estrictamente interesados de proteger básicamente su mercado financiero.
Es el momento de que la Unión Europea actúe con determinación y haga real la afirmación de que “fuera es fuera”. Es el momento de que la Unión Europea haga real el latiguillo de que una crisis puede ser también una oportunidad. Una oportunidad ¿Para qué? Para demostrar los beneficios de pertenecer a un club que ha permitido a sus socios el mayor periodo de bienestar y paz de toda la convulsa historia europea, jalonada de guerras y destrucción mutua.
Es el momento de demostrar que, fuera de la Unión Europea, “hace mucho frío” y que las consecuencias de una decisión así no son, ni de lejos, el paraíso que sus promotores han prometido. Es el momento de que la Unión Europea ponga a los británicos ante las consecuencias de su decisión, tomada libre y democráticamente cierto, pero que en la medida en que afecta al resto de ciudadanos de la Unión estos tienen, tenemos, toda la legitimidad parar defender nuestros derechos.

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Es cierto que algunas de nuestras más importantes empresas, tienen una fuerte exposición al mercado británico, Ferrovial o el Santander, por poner un ejemplo pero también es cierto que Gran Bretaña tiene importantes intereses en los mercados europeos. Para empezar, ¿Qué sentido tiene ahora la prevista fusión de las bolsas de Londres y Frankfurt? ¿Dónde dirigirán sus inversiones las empresas y fondos que pretendan operar en los mercados económicos y financieros europeos? ¿Qué aranceles se aplicarán a los productos británicos que pretendan entrar en nuestro mercado europeo?
En España viven más o menos permanentemente casi un millón de británicos, la mayoría jubilados que a partir de ahora mismo ya son más pobres gracias a la fuerte caída de su moneda ¿En qué situación quedan? Hay más de un británico que trabaja en Londres de lunes a jueves y vive en España, básicamente en la costa, el resto de la semana ¿Podrá seguir manteniendo este estilo de vida teniendo que cruzar fronteras?
El Reino Unido es un conglomerado de antiguos reinos reunidos bajo la misma bandera, no siempre de manera pacífica ¿Cómo se mantendrá esta unidad con aquellos que han votado abiertamente, alguno por segunda vez, su deseo de permanecer en la Unión Europea? ¿Ha olvidado el sr. Cameron que uno de los argumentos fuerza de la campaña a favor de la permanencia de Escocia en el Reino Unido fue, precisamente, que su salida del mismo conllevaría automáticamente quedar excluido de la Unión Europea? ¿Cómo reaccionará Gibraltar, con una economía basada en su condición de puente entre la Unión y Gran Bretaña y su mercado de capitales?
La Unión Europea tiene una ocasión de oro para terminar con las veleidades independentistas, dentro de ella misma y de sus estados miembros, mostrándose firme en sus decisiones y reforzando su unidad en aspectos que la reciente crisis ha demostrado ser esenciales para llevar adelante el gran proyecto que esta Unión representa. Tiene también una oportunidad de oro para eliminar una buena parte de los defectos que han surgido en su seno, como la inmensa e ineficiente burocracia o la falta de democracia directa. Los políticos nacionales tienen también una buena oportunidad para revisar su utilización de las decisiones de la Unión como paraguas de sus políticas más impopulares. El constante recurso a “Bruselas nos impone…” o “Bruselas exige…” que ha sido el latiguillo de todos nuestros gobernantes, ante su falta de capacidad de liderazgo y de argumentación de las políticas necesarias en aras de racionalizar los desmadres presupuestarios, han fomentado en la opinión pública, y han facilitado a quienes utilizan la demagogia más burda, la idea de que de la Unión europea solo nos llega lo negativo, los supuestos recortes, las exigencias.
De Europa, del club europeo del que por suerte formamos parte, han llegado a España, carreteras, transportes modernos, empresas, turistas, etc. etc. Y sobre todo, ha llegado la consolidación de un país moderno y democrático con presencia en el concierto internacional de naciones del que nuestra reciente historia nos había excluido. Últimamente han llegado también exigencias de que equilibremos nuestro gasto público, que acomodemos nuestro tren de vida a nuestros ingresos reales, a que dejemos de actuar como si el dinero fluyese de un grifo inagotable. Exigencias que cada uno de nosotros nos imponemos en nuestra vida cotidiana pero que la demagogia populista nos quiere hacer creer que es un dogal puesto al cuello de los ciudadanos por unos gobernantes que nos quieren pobres y desgraciados.
Convirtamos este nuevo problema en una oportunidad de mejorar lo mejorable, mantener lo positivo y eliminar lo que lastre nuestro futuro juntos y en paz. Esto es lo que, creo, significa y seguirá significando la Unión Europea para los ciudadanos europeos.

Ana Castells Ana Castells

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