Queridos hijos, os quiero libres y en esencia, no quiero nada mas

la estatua de Lorca en la Plaza de Santa Ana.

Esta mañana mi corazón ha estallado al encontrarme con mi viejo amigo, don “Maciu Roberts”, un diplomático de solera, residente en Madrid desde hace mas de diez años.

Un inglés, british style al modo del perno que luce Lorca en el monumento de la plaza Santa Ana y que, salvo en su pronunciación, dulcemente ganglosa, demuestra en cada párrafo, que gasta un conocimiento del español mas refinado que el muchos de mis vecinos nacidos  cerca del monumento a Cascorro, en Lavapiés.

La ciudad de Bath

Mathew, en realidad se escribe así, nació en Bath, muy cerca de Oxford, una ciudad que hoy, y en gran medida, vive y sus ciudadanos comen roast beef una vez a la semana, gracias al turismo y sus ruinas, porque su cuna es de las pocas que, en la pérfida Albion, recuerda en sus ancestros, el legado de los romanos en la mítica Britania de la novena Legión y, merced al buen estado de conservación con que cuentan los baños públicos que construyeron los ingenieros de las legiones, se permite para sus ciudadanos una economía liderada por el sector servicios del turismo del que tan enganchados estamos en la vieja Hispania.

A mi amigo “Maciu” se le fue para el eterno mas allá,  su hijo el primogénito, médico titulado y solidario onegero, como consecuencia de una ráfaga terrorista en el atentado al centro comercial de Nairobi, que todos los occidentales vimos por televisión, hace unos meses con aspavientos de la fiebre que nos procura la injusticia.

Es al día de hoy el ejemplo mas cercano con que cuento de ese viejo sofisma que nos remarca a los humanos que no hay nada mas terrible que enterrar a nuestros vástagos. Y sus ojeras, su pesimismo e insatisfacción, son  la prueba real de las consecuencias de la maldición, ese exagerado desorden, y maldita su gracia, que tuerce las relaciones lógicas de la vida y la muerte.

Querido hijo te quiero libre

Me dice Maciu con ironía, que los españoles somos geniales, y que a él si hubiera nacido en Albacete, por ejemplo, le llamarían facha porque no acepta y no aceptará nunca la ideología nacionalista con la que los alemanes bombardearon su patria durante la segunda guerra mundial. Porque el no confía en los totalitarios que se creen superiores por su ideología. Y en su honor recuerdo estas frases que se han hecho famosas en el mundo de internet:

Querido hijo, querida hija: Os quiero libres.

 

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