Hewitt, El amigo americano

Hewitt, jóven marinero

Navego en la bahía de Altea con mi hija y mi amigo Bernardo y recibo un mensaje de otro amigo, Miguel que trabaja en la redacción de un importante periódico en Madrid. Dice así: “Querido Manolo espero q esta breve misiva t ncuentre bien. Solo era para decirt q ha fallecido el maestro Hewitt. A great guy!! Un abrazo”. La noticia me aparta de las olas y las velas, en definitiva, del único sonido que recuerda al ser humano la utopía de la libertad y  busco las necrológicas de los periódicos. Entro así de lleno en la denominada información de actualidad, en el mundo del periodismo y cómo no me vuelvo a decepcionar: en El País confunden la realización con la dirección y el periodismo y en el Mundo publican un despacho de la agencia EFE. Desde entonces busco la foto que nos tomó el cámara de TVE Jesús Menéndez, ya fallecido también.  Mientras la encuentro miro en documentación. Me gusta la que encabeza estas líneas . Ahora que está dentro de una caja de pino, como él mismo decía, me sorprende  vérle de  jóven, en blanco y negro, y atrezado de marino atlántico.

Izquierda a derecha: Manuel Artero, Don Hewitt y Miguel Rozas, El Escorial, verano de 2003
Izquierda a derecha: Manuel Artero, Don Hewitt y Miguel Rozas, El Escorial, verano de 2003

Junto a Miguel Rozas, periodista y traductor, compartí un día con Don Hewitt en la única visita que el maestro del periodismo realizó a España. Tenía 84 años. Iba vestido con un chalequillo de fotógrafo y su mente era ágil. Le gustaba hablar. Me contó su historia, paralela a la de Estados Unidos y el mundo. Ocurrió en el verano del 2.003, en los cursos de verano de la Universidad Complutense de Madrid. En el dedicado al mundo del reportaje y los treinta años de Informe Semanal del que los dos fuimos ponentes.  Era la primera vez que Hewitt visitaba España, y con motivo de la realización de un reportaje para el programa Informe Semanal sobre el curso, tuve la ocasión de entrevistarle sin problemas de tiempo ni minutado, no solo sobre la historia de su país y la suya propia, sino sobre las ideas con las que el construyó el libro de estilo imaginario del programa 60 minutos y que son, las que a la postre, le han convertido en un ganador maestro del periodismo audiovisual y del reportaje para televisión. Reproduje la entrevista completa en el libro “El guión en el reportaje informartivo. Un guiño a la noticia” que publiqué en el 2004. Intuyo hoy que las palabras que me dedicó el maestro merecen estar en la Red. Pueden iluminar esos caminos devastados por el periodismo televisivo que ha confundido el mundo de las noticias con el mundo de los negocios de la audiencia o la mera propaganda política disfrazada de reportaje.

Hewitt es uno de los pioneros de la televisión moderna,  y uno de los padres fundadores del periodismo audiovisual. Un profesional que comenzó a trabajar en la CBS en 1948 y dirigió en 1960 el primer debate presidencial de la historia de la televisión entre John F. Kennedy y Richard Nixon. Al respecto me dijo:

“Aprendí que aquel fue el peor momento de toda la política de los Estados Unidos. Todo el mundo piensa que se trató de una velada histórica e importante. Lo fue pero de una forma terrible; fue la noche en que los políticos miraron a la televisión y dijeron: “Esta es la única forma de alcanzar la presidencia. Nosotros los miramos a ellos y dijimos: “Esto es un pozo sin fondo de dólares generados por publicidad”. Desde aquel día, nadie en la mayor democracia del mundo, los Estados Unidos de América, puede presentar su candidatura presidencial  a menos de que cuente con el dinero para comprar espacio televisivo. Eso es un factor corruptor, la única manera de obtener el dinero para comprar espacio televisivo es hacerles favores a los grupos de presión que trabajan en Capitol Hill, el “lobby” de las armas, el lobby de las compañías de televisión, el lobby de los fabricantes de coches, el Congreso de los Estados Unidos les pertenece porque los congresistas no pueden salir elegidos a menos de que dispongan del dinero para comprar espacios televisivos y no puedes comprar espacio televisivo a menos de que un grupo de presión tenga su mano dentro de tu bolsillo y tu tengas la mano dentro de su bolsillo. Se trata de una influencia corruptora. Resulta muy triste que en la mayor democracia del mundo no puedas presentar tu candidatura a menos de que realices favores a tus constituyentes y ellos te den el dinero para comprar espacio televisivo que te permitirá salir elegido, y todo esto comenzó aquella noche con Nixon y Kennedy.

“En realidad  Jack Kennedy me dio las gracias por el debate…pero te contaré algo de Nixon. Aquella noche en Chicago me traje a una gran maquilladora. Nixon dijo “Yo no quiero maquillaje” pero de hecho, alguien vino y le cubrió la cara con maquillaje, estaba terrible. Cuatro años más tarde, nos encontramos en otra convención política y el se dispone a  presentar al nuevo candidato, Barry Goldwater, a la convención republicana. Yo estaba sentado en una habitación con el mientras que la misma persona que el había rechazado la noche del debate le estaba maquillando y le dije: “Sabe señor Nixon, si ella le hubiera maquillado hace cuatro años, Barry Goldwater  estaría saliendo para presentarle a Usted, usted sería el presidente”. Me miró a través del espejo durante unos diez segundos y finalmente dijo “Sabes, puede que tengas razón” .

Después de que mataran a Jack Kennedy, hicimos muchos programas, tuvimos a Nixon en uno de los programas, y teníamos a la misma maquilladora que el había rechazado en Chicago, le maquilló y le dije: “Señor Nixon, si Frannie le hubiera maquillado hace cuatro años, tu hubieras sido el presidente en vez de Jack Kennedy  ¿Sabes lo que me respondió? “Y ahora, yo también estaría muerto”. Me refiero a que le salió así…daba miedo…el asumió que quién asesinó a Kennedy, iba a por un presidente, no necesariamente a por Kennedy y pensaba que en el caso de haber resultado elegido, le hubieran disparado a el en Dallas.”

“El libro de estilo se encuentra en mi cabeza, en realidad no existe un libro de estilo, en 60 minutos no existen reglas, no existe un libro de estilo, de hecho, es posible que hoy día, eso sea uno de las errores de los periódicos y del periodismo, no existe ningún motivo para un libro de estilo, debes seguir tu instinto, aquello que instintivamente te conduzca a la historia, te sientas en una sala de visionado, observas una historia y le dices al reportero: “Sabes, el personaje es genial, me gusta  pero ¿Cual es la historia? ¿Qué intentas contarme?  Estos tipos son tan buenos que yo no tengo que hacer eso. Tengo a los mejores contadores de historias. Todo gira en torno a esas cuatro palabras que conoce cualquier niño del mundo. “Cuéntame un cuento; Papá, cuéntame un cuento”. Bueno, eso es lo que hago todos los domingos por la noche, ellos me dicen “Cuéntame un cuento” y yo les cuento un cuento. Ese es el truco, tienes que mantenerlos pegados…tu enemigo es ese mando a distancia, ¿de acuerdo? El mando es como una pistola, ¡Bang! Estás muerto. ¡Bang! Estás muerto. No me gustas…te odio…voy a ver otra cosa…Tu estás ahí en una sala de visionado viendo una historia y todo en lo que estás pensando es:”No quiero que sus mentes se distraigan porque si eso ocurre, van a coger el mando y se van a ir a otro sitio. Yo siempre les he dicho a mis reporteros que ese es el momento en el que alguien le dice a su esposa, “Cariño, ¿Sabes de lo que están hablando estos tipos?. ¡No, no lo se!, ¿Por qué no vemos el partido de baloncesto?. Nunca puedes permitir que sus mentes alcancen ese punto. Si existe algún momento de confusión, ese es el momento en el que se marchan.  Estoy seguro de que tu has ido muchas veces a ver una pésima película y que desearías nunca haber visto, pero nunca te levantas y te vas,  has pagado tu entrada, has encontrado una plaza de aparcamiento, te has vestido, te has puesto en la cola, has encontrado una butaca, la película es terrible pero te quedas, no te levantas y te vas. Cada noche te levantas y te vas de treinta y cinco programas de televisión, coges el mando y te vas, es así de sencillo. Vas a un concierto, es terrible, pero no te marchas; te vas a un evento deportivo que no es muy bueno, pero no te marchas porque has pagado por ello, te has comprometido con ello, te has tenido que vestir, has tenido que comprar una entrada y por lo tanto te quedas ahí sentado. Cuando ves la televisión no existe ningún tipo de compromiso, pásame el mando, odio a este tipo, vamos a ver otra cosa.  Ese es tu enemigo, el enemigo es el mando.”

En el año 2003 Hewitt protagonizó una de las portadas del “The New York Times” porque su sucesión en el cargo de productor ejecutivo del  programa que él mismo fundó , el “60 minutos”, se planteaba en Estados Unidos como una auténtica y espinosa cuestión de estado. La importante emisora CBS quería “sangre nueva” para su informativo y Hewitt declaró que el solo saldría de la redacción si le cargaban en una “caja de madera”:  “El New York Times lo vio como una historia de portada porque resulta indicativo de lo que le está sucediendo a las personas mayores. Los sacan a una cierta edad y eso es ridículo. Por lo que debería regirse la compañía es por lo bueno que eres, no por lo viejo que seas, la edad en este mundo se ha convertido en algo irrelevante…un hombre llamado Satchel Page, un gran jugador negro de baseball, dijo en una ocasión ¿Qué edad tendrías si nunca supieras la edad que tienes? ¿Si nadie te dijera la edad que tienes, cuantos años tendrías? Y yo le respondí: Tendría 35 años, si no supiera cuantos años tienes.”

El programa “60 Minutos” del que algunos críticos consideran uno de los principales espejos en el que  miró Pedro Erquicia cuando  inventó “Informe Semanal”, llega a una audiencia de 45 millones de norteamericanos todas las semanas, y al igual que ocurre en España con Informe Semanal, tiene en los EEUU un importante prestigio social y periodístico. Con sus emisiones han logrado sacar de la cárcel a falsos culpables y también a encarcelar a falsos inocentes. Su estructura que “en el aire” parece muy sencilla es una complicada parafernalia de teorías acerca de la información que podrían sonrojar a cualquier purista de la comunicología. Por ejemplo está basado en algo que aparentemente es todo lo contrario del mundo de la información periodística: Se basa en encontrar protagonistas que den bien en imagen. Una axioma que, en buena ley, es totalmente contradictorio de las leyes del periodismo en las que, por qué no, una buena fuente, un “garganta profunda”, por ejemplo, podría ser tartamudo o bizco sin que por ello perdiera un ápice de su valor testimonial y fundamentos documentales, pero que pasado por el cruel rasero y duras exigencias del medio televisión no servirá nunca para “comunicar en imagen”.

“No somos un tabloide sensacionalista, queremos generar un sentimiento en la gente, yo no quiero que se limiten a escuchar a George Bush, quiero que sientan a George Bush, quiero que sientan a la gente que les rodea, existe un drama humano en los tiempos en los que vivimos, existe un drama humano para todas las épocas y tu eres una especie de biógrafo de los tiempos en los que vives, eso es lo que tienes que ser, no quieres ser alguien que se limite a informar sobre  los datos y las cifras o el volumen del Producto Nacional Bruto, eso carece de cualquier sentido,  lo importante es el sentimiento. ¿Existen riesgos? Si, existen riesgos y ahí es donde tienes que manejarlo con mucha habilidad.”

La palabra “espectáculo” no es una palabra sucia ¿De acuerdo? Hay un poco de espectáculo en todo, hay espectáculo en una buena cadena de grandes almacenes, existe espectáculo en un buen vendedor de coches, ¿Qué haces cuando tienes éxito? Generas una enorme cantidad de energía síquica con tus productores, corresponsales, editores y después, por motivos que se me escapan, durante los últimos treinta y cinco años, hemos sido capaces de transmitir, todos los domingos por la tarde, esa energía a través del “tubo” ¿Porqué? No estoy seguro de saberlo, yo no lo se todo. Es posible que yo sea el hombre más afortunado que haya existido en esta industria. En mi caso, todo pareció encajar a la perfección y no se por qué. Ni siquiera acabé la universidad, abandoné los estudios en mi primer año. Yo no podía estudiar, quería entrar en la industria de las noticias. No estoy bien educado, yo quería…lo tienes en la punta de los dedos, un buen reportero lo presiente, lo tiene en la punta de los dedos, lo puedes oler, lo puedes ver y estáis viendo al hombre más afortunado que haya existido en esta industria…pura suerte.”

5 thoughts

  1. No sé que es más aburrido si ver la televisión o teorizar sobre ella, supongo que lo segundo. Claro que podría decirse otro tanto de la literatura, cine, música o de los TBO. Claro que también habría que situar tales sensaciones en un mínimo de referencias, estructuras, bagajes, asimilaciones y provecho… llegando –yo- a la conclusión que la televisión es poca cosa por muchos números que la cobijen o disculpen (es decir su cuantificada aceptación y asunto pecuniario). Y siempre estarán (en todo trato que especula) los sagaces exitosos mercaderes: vendedores de tripas secas, constructores de molinos, fabricantes de bragueros, Don Hewitt, representantes de huevos y patatas… (tras ellos marchan los de la Vara Negra, de la Jarretera, los Pulitzer, Bastón del Oro, el Gran Mariscal…). Pero no merece la pena ahuecarse por simas, cárcavas y barrancos, como dijera Don Cervantes “con su pan se lo coma y allá se lo haya”.

    1. Estimado y querido Macaón, siempre son bien recibidas tus palabras que además de sinceras, de día en día encuentro mas afiladas y poéticas. Para mi, que me he apasionado tanto con hacer televisión y legión de días me ha ocupado, el hecho de haber conocido la muerte de uno de los “triunfadores” del aparatito, me ha iluminado los recuerdos que han aparecido en forma de espejismos del pasado. Ten en cuenta además que el mencionado Hewitt inventó muchos de los caminos que yo he recorrido a tu lado, reinventándolos en cada recoveco.

  2. Sólo que te vaya bien y un pequeño añadido al tema: el buen oficio no es contar historias (una obviedad en estos tiempos), sino el saber contar historias, y eso no creo que se enseñe. Marcho a mi casa de los maquis (le pondré ganas).

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