Saltar al contenido

“Siempre supe que algo iba mal en la historia reciente, y doliente de España, hasta en la que el Rey se monta un blog”

19 septiembre 2012

Mitómano donde los haya, sigo admirando con fervor las actitudes valientes de  Gutiérrez Mellado, Aldolfo Suárez y Santiago Carrillo en la secuencia real de la toma del Congreso el 23 de febrero. Y en estos días de los nombres propios que se nos van, unos hacia el futuro como Esperanza Aguirre y otros a la tumba, como Carrillo, me acuerdo de la fenomenal película de Billy Wilder “Sunset Boluevard”, aquí traducida como “El crepúsculo de los dioses”.

Y es que, sobre Esperanza Aguirre y Santiago Carrillo, no he visto en mi vida tamaña profusión de opiniones doctas y en esencia cultivadas de egoísmo, hasta con la técnica hidropónica de la paja mental y sin manos, quiero decir sin tierra. Ellos, los héroes populares no importan, lo que importa es conseguir la frase, o incluso la cita perfecta, que inmortalizará  para siempre al autor de la opinión.

Pero es normal y terriblemente  humano cuando se trata de despedidas tan importantes como  la de la política del partido popular, la esencialmente “invicta” y odiada por ello, y la del viejo comunista protagonista de la transición española desde la carnicería de la guerra civil. Con sus grandes figuras en el objetivo del egoísmo  no hay, ni tan siquiera, escondites, subterfugios ni trincheras emocionales: Aquí todo el mundo se desemboza y eso es lo bueno.

“El crepúsculo de los dioses”  ha pasado a la historia del cine como Esperanza Aguirre y Carrillo han entrado en la historia reciente de España: Por calidad y derecho propio. De la película han quedado en el inconsciente colectivo algunos diálogos para enmarcar:  Como cuando Desmond, la protagonista, la estrella rutilante del cine mudo en romántico declive, le dice al guionista:   ” Yo soy grande. Son las películas las que se han hecho pequeñas” y este contesta, entre dientes y en voz baja: “siempre supe que algo iba mal en el cine”.

Con las dos despedidas de Esperanza Aguirre y Santiago Carrillo y en esta paseata de hoy que me lleva desde la capilla ardiente de la calle Lope de Vega número dos, la sede Comisiones, hasta la calle Santa Isabel donde la policía acaba de desalojar a los ocupas de “Casablanca” la sede intelectual del 15 M, rememoro el diálogo creado por el maestro  Billy Wilder:

“Siempre supe que algo iba mal en esta España doliente en la que hasta el Rey se monta un blog….”

About these ads
4 comentarios leave one →
  1. 19 septiembre 2012 14:03

    Una extraordinaria reflexión, Manuel.

  2. 19 septiembre 2012 14:03

    Gracias por el post

  3. 20 septiembre 2012 20:12

    Sobresaliente. La verdad es que algo ocurre en España y lo mejor /peor es que vamos a ver muy pronto de que se trata.

    Un saludo

  4. 28 septiembre 2012 18:57

    Pero también estaba “el optimismo de la voluntad”. Paco sonreía ante cada gesto hermoso del mundo. Siempre con esa cara de ternura hacia los que buscábamos pero aún no encontrábamos. Él nos puso sobre las pistas. Nos deja muchas enseñanzas. Después de él no podemos seguir reclamando la intolerancia en nombre de la consecución de nuestras metas. Después de Paco no podemos leer a Marx con maneras de loro ortodoxo ni de Torquemada radical por que no sabe entender los tiempos de perplejidad que nos han tocado. Después de Paco sabemos que Gramsci es el marxista que nos va a conducir con más astucia por el siglo XXI. Después de Paco sabemos que no hay socialismo si no es ecologista, si no es feminista, si no es pacifista. Después de Paco sabemos que los partidos -él, un hombre siempre “del” partido- no bastan para cuidar de los asuntos públicos. Después de Paco -y mucho antes que Zizèk y otros asustaviejas- sabemos que en la vertiginosidad de los fotogramas de una película hay más pistas sobre nuestro mundo que en buena parte de los libros políticos que editan editoriales que hacen dinero con libros de cocina. Después de Paco sabemos que sin una buena teoría la práctica anda ciega, que necesitamos hacer el esfuerzo de interrogar a la metodología, de volver a preguntarle a la ciencia por las cuestiones de la objetividad y de la transformación social. Después de Paco sabemos que “ni Marx ni menos”. Con esa mirada irónica, nunca -nunca- cínica, llena de compasión, profundamente humanista porque era profundamente de izquierdas. Paco nos obliga a los críticos feroces de nuestros mayores a no meter en el mismo saco a la generación del 68 y sus entornos. Él no fue como toda esa cuerda de paniaguados que dejaron de pelear, que sembraron la transición con las minas del consenso y la ocultación y que, además, pretendían seguir dando lecciones de radicalidad de izquierda a los que venían detrás.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 2.689 seguidores

%d personas les gusta esto: