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La superioridad moral de Caperucita Roja

8 mayo 2012

La madre de todas las paradojas de la economía de mercado es que el dinero es flexible aunque su esencia matemática del dos mas dos son cuatro es de una rigidez absoluta. Los grandes conceptos, las decisiones últimas, esas que nos influyen a todos en nuestra íntima cotidianidad como la la capacidad crediticia, el endeudamiento, la solvencia monetaria, o el propio valor en intereses del dinero, son subjetivas, ideológicas o políticas y dependen, fluctúan y cambian según las diga este o aquel.

Ahí esta el ejemplo del inefable socialista Tomás Gómez. El político que, como alcalde de Parla, ha dejado el bosque sin un árbol. Es decir ha despilfarrado el dinero público, a espuertas, y ahora el que fue su pueblo lo está pasando mal al asumir que su derroche económico e ideológico lo tendrán que pagar los nietos de los nietos de toda Parla.

Imagino que este ser está obsesionado con su ideología y que duerme bien por las noches porque de tanto leer el cuento de Caperucita Roja se lo ha acabado creyendo. Que para él, el endeudamiento y la economía improductiva eran esenciales en ese afán ciego por conseguir votos, porque al igual que Caperucita Roja, él es el bueno y quiere mucho a su abuelita. Y toda la razón sentimental de la existencia, la ética de los desfavorecidos  ante el lobo de los mercados está de su parte. Que él, con su rojez de caperucita, es el adalid de los vecinos y por ello su discurso es el único y verdadero.

Así puede gritar y muchos lo creen que “La izquierda  “tiene superioridad moral” sobre la derecha por ” las conquistas sociales que quiere  ahora quitar el  PP”.

Imposible olvidar la frase famosa de Bertrand Russell: El problema  con el mundo es que los estúpidos están seguros de todo y los inteligentes están llenos de dudas”.

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5 comentarios leave one →
  1. 8 mayo 2012 11:31

    Mientras exista tantísima ignorancia, tendremos rojos hasta debajo de las piedras. Es el mal que no cesa. Buen artículo.

  2. 8 mayo 2012 11:32

    Buen artículo. La ignorancia es nido de pobreza y estupidez.

  3. 8 mayo 2012 11:50

    me quedo con la caperucita de la imagen, quiero ser su lobo y beber licor hasta que la muerte nos separe. Cada cual es lo que percibe, y percibe lo que quiere, quiera o no, ¿o estamos entrando en un nuevo ente medio humano medio máquina? no lo creo aunque me apasione la idea. Como en la propuesta http://www.melancholiathemovie.com/, realmente si podemos elegir qué somos, es decir, un coñazo pseudo – sesudos, o una chiflada rubia preciosa con el valor de aceptar lo real, no?

  4. Manolo permalink
    8 mayo 2012 12:17

    Muy graciosillo.
    No hace falta ser rojo. Lo de la superioridad moral, aplicado a la economía, viene también de la tradición cristiana:
    “antes entrará un camello por el ojo de una aguja que un rico en el reino de los cielos”

  5. 8 mayo 2012 12:50

    Ya no es solo,el despilfarro.Se añade la inbecilidad más absoluta,demostrada por Tomás Gomez,evidenciada con hechos,como la creación y mantenimiento,del “tren de cercanías” entre calle y calle de Parla.
    Recordando así la calificación de este pieza,solo queda por decir,que quien no sabe,si tampoco tiene voluntad de aprender,debe de ser retirado inmediatamente de todas sus funciones,y no permitir para colmo,que pretenda dirigir una comunidad,ni aunque sea de vecinos.
    El mejor deseo: su desaparición,aunque solo sea por vergüenza.

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